diciembre 24, 2013 Por bebedor 0

A la mañana siguiente (la resaca y tú).

a la mañana siguiente - el bebedor moderno

Parece una gran traición, ¿no?

Sacas un fajo de billetes para rescatar a esas botellas de licor de una anodina existencia sin objetivos, para darles un hogar. Las rescatas de la estantería de ese bar, las desempolvan y te las sirven. Entonces, después de un rato de cargar sobre tus hombros con la responsabilidad de darles un propósito a su existencia, encuentras que las ingratas han conspirado con éxito para que tengas un día en el infierno.

¿Quién sufre éste mal?  Según las antiguas escrituras, “aquellos que se detienen mucho en el vino”. Nosotros. El bebedor Moderno.  La mayoría de bebedores, en realidad. Pocos se libran de ésto, afortunados bastardos.

Que la aflicción y la tristeza han acosado a la humanidad desde que  resolvimos cómo alimentarnos a diario, es un hecho.

La resaca ha desempeñado un papel decisivo en la derrota de ejércitos y la caída de los imperios. Un peaje que pagamos las mañanas siguientes a viernes, sábados, bodas, celebraciones de año nuevo, y cualquier excusa que se nos ponga a tiro.

Y la actitud de un bebedor moderno suele ser la de sufrir en silencio la resaca. Vivir todos los estados de la resaca. La resaca forma parte indisoluble del momento festivo, como el ying y el yang.

Eufemismos resacosos

Los ingleses han recurrido al ingenio para darle otros nombres a esta terrible enfermedad, con  palabros tales como crapulencia y hartazgo(crapulence and surfeit) o  eufemismos con encanto como niebla de la mañana(morning fog), dolor de botella(bottle ache) o perro negro(black dog).

En España somos poco originales con el nombre,  aunque en Latinoamérica sí se usan palabras como ratón (en Venezuela), cruda (México), guayabo (Colombia), andar con la mona, andar con el hachazo (Chile).

Causas y efectos.

Hasta hace relativamente poco, se destinó una vergonzosamente pequeña cantidad de esfuerzo científico destinado a aislar las causas de la resaca. Más allá de la borrachera, claro. Muchos consideran la resaca como un castigo divino merecido por nuestro comportamiento pecaminoso. La comunidad médica, por otro lado, parecía creer que si se encontrara una cura, sería alentarnos a beber más aún. Lo cual es cierto, pero no viene al caso.

Fue necesaria la llegada de la Revolución industrial, con sus fábricas y sus tiempos, para que los poderes fácticos empezaran a preocuparse por la baja productividad debido a ésta dolencia que afectaba a sus trabajadores. No podían mantener a la prole alejada del alcohol, aunque ciertamente lo intentaron, por lo que se invirtió en lo que ahora sería I+D+I para encontrar cura a ésta dolencia.

Les llevó tiempo, pero la comunidad científica fue encontrando una letanía de causas, efectos y curas.

En la década de los 20, se dieron cuenta de que el alcohol era diurético, y que cambiaba el equilibrio hormonal del cuerpo para que éste creyera que no necesitaba todo esa agua. Eureka! Pensaron. La deshidratación! Lo único que tenían que hacer era convencer a los trabajadores de beber un litro de agua y tal vez volverían menos perezosos a la cadena de montaje.

Pero desgraciadamente, la deshidratación no era el único factor, así que siguieron investigando.

En la década de 1930, se determinó que el alcohol provocaba acumulación de ácido láctico, la misma sustancia que te hace sentir dolor después de un entrenamiento. Eureka! Pensaron. Los bebedores estaban haciendo demasiado deporte. Tal vez, si los trabajadores pudieran hacer algún ejercicio de estiramiento y calentamiento antes de beber, se podrían presentar decentes al trabajo. Nah, qué va.

En la década de 1940 la Asociación de Apicultores de Nueva Jersey, que estaban claramente en la nómina de los magnates industriales publicaron informe sobre un estudio de las abejas borrachas, jurando que la mejor manera de superar una resaca era, sí, ir a trabajar como una abeja. Los jornaleros se dieron cuenta sin lugar a dudas de que era una descarada maniobra propagandística.

En la década de 1950 se hicieron experimentos con bebedores de prueba (pobres diablos), dándoles la misma cantidad de whisky y vodka. Un tercio de los bebedores de bourbon sufrió resacas, en comparación del 3% de los bebedores de vodka. Eureka! Pensaron. Los congéneres del mal. Los congéneres (que pueden incluir alcohol metílico, aldehídos, histamina, taninos, hierro, plomo y cobalto) son los que dan color, sabor, carácter y aroma al licor. Es decir, es la materia que hace que un licor no sepa a alcohol de grano. No hace falta decir, que son los alcoholes más oscuros.

Pero Dios sabe que las resacas de vino blanco, de anís o de absenta son atroces, por lo que tenía que haber algo más.

En la década de 1970 se descubrió que elk el hígado arrojaba un residuo tóxico en la sangre. Eureka! Pensaron. Luego era ésta toxina ácida, el acetaldehído, el que causaba todos éstos estragos. Dolor de cabeza, dolor corporal y la sensación general de malestar eran provocadas por éste nuevo super-villano.

En la década de 1980, una serie de estudios revelaron que, además de todos estos Eurekas, existían modificadores adicionales, incluyendo el tabaquismo, la música alta, los gritos, trasnochar y varias demostraciones de fuerza física como subirse a un cocotero o hacer ángeles en el suelo de un tugurio lleno de cristales rotos.

En otras palabras, lo que convierte una salida normalita en una auténtica fiesta.

 

La lógica defectuosa de la prevención

Existen tantos remedios preventivos para la resaca como artículos y post sobre posibles remedios. Algunos   exasperantemente condescendientes que indican que la “mejor manera de prevenir una resaca es la abstinencia”.  Artículos que hacen temblar las manos y nos producen una ira profunda. Lo que viene a ser como decir cuál es la mejor manera de prevenir embarazos o enfermedades de transmisión sexual, o si no quieres caerte, mejor no te levantes y arrastráte sobre el vientre como una culebra.

Llevando un poco más lejos la analogía del embarazo, la abstinencia del alcohol serían unos preservativos fabricados con esparto cosido a mano.

El problema las medidas de prevención, es que chocan con el principio de beber lo suficiente para tener una resaca.

Claro, se puede beber agua entre cada copa, para sentirte menos deshidratado por la mañana. Pero echarse un chupito de agua trae mala suerte.

Claro,  podemos atiborrarnos de proteínas, con el fin de frenar la velocidad de absorción del alcohol, y no estar tan borracho. Pero esto al final nos hace gastar más dinero en alcohol.

Claro, podemos evitar alcoholes más oscuros como el whisky, el vino tinto y el ron dorado puede disminuir el dolor, pero uno también puede bailar mejor si se va a una discoteca en tutú, en lugar de unos tejanos.

[Tweet «Beber con reglas es como pedir dulces en Halloween y comer  brócoli entre caramelos.»]

Se roba la magia.  Emborracharse es un acto cuasi sagrado, una celebración de la vida. El licor es un combustible de alto octanaje, y no hemos visto a los pilotos de Fórmula 1 mezclar agua con el combustible del monoplaza.

Dicho esto, tomar vitamina B6 y cardo mariano, no se interpondrá en tu camino a la diversión. Y parece funcionar.

 Borracho, cúrate a ti mismo

Sin paños calientes: no existe una cura verdadera contra la resaca. Si existiera una cura contra la resaca, su inventor estaría en listas de millonarios junto a Bill Gates o Amancio Ortega, habría una estatua suya en su ciudad natal y su nombre sería más conocido actualmente que el de Steve Jobs.

Y no será porque no lo hemos intentado. Y cada cual tiene su propio remedio.

Preguntad a un bebedor veterano o un camarero por una cura para la resaca. Te dará su remedio particular diciendo “No me preguntes por qué, pero ¡funciona!». Algunos tendrán una vaga base científica(agua, bebidas isotónicas), otros parecen más interesados en el alivio de la culpa a través del castigo(café con sal, ejercicio) y otros parecen ser remedios homeopáticos o mágicos.

Los antiguos griegos grababan en sus copas súplicas al espíritu Pausikrepalos, cuyo trabajo principal era la  regulación de las resacas. Sus homólogos romanos preferían devorar canarios fritos y huevos de búho. Los mongoles desayunaban  ojos de oveja, los asirios tomaban picos de gorrión molido. Los puritanos coloniales se azotaban a sí mismos para desangrar la resaca, y los vaqueros del  Viejo Oeste elaboraban una olla de té de estiércol. Los hechiceros de vudú de Haití se inclinaban por pinchar 13 agujas en el corcho de la botella que traía el dolor.

Y luego está la teoría del pelo del perro, que dice la resaca es en gran medida un síntoma del síndrome de abstinencia. El Bloody Mary es la cura de los seguidores de ésta teoría, además de los innumerables zumos que aportan vitaminas extra.

El hombre moderno, ayudado por siglos de sabiduría, tiene un enfoque mucho más científco. Se recomiendan todo tipo de vitaminas, tes, hierbas, paracetamoles, levaduras de cerveza, pimientos picantes, café, helado, agua de coco, extracto de nopal, duchas calientes y frías, plátanos, tomates, alimentos grasosos, huevos crudos, saunas, ejercicio(incluyendo el sexo), etc.

A pesar de que parece un fenómeno reciente, existen remedios»científicamente probados» por lo menos desde la década de 1850. Mucho antes del resalín, el alka-seltzer, el ENO, el almax o el omeprazol., además de una deslumbrante variedad de tónicos corporales, bálsamos, aceites y demás placebos

¿Funciona alguno de ellos? ¡Quién sabe! Pero si crees que a ti te funcionan, funcionan. Eso es así. Todo está en tu cabeza, además de ése martillo hidráulico golpeándote.

 

Una bestia de dos cabezas

Igual que un impaciente rey Salomón, el gran escritor de alcohol y novelista Kingsley Amis divide la resaca en dos en su excelente guía de 1972 On Drink . Amis calculó que la mayor parte de una resaca no era tanto la física como la metafísica , es decir, el sentimiento de culpa y remordimiento acerca de la bebida,  el comportamiento escandaloso y una fuerte inversión económica.

El periodista Hal Boyle lo llamó «la rebelión del alma», una forma temporal de odio a uno mismo. «La mente acosa el cuerpo», señaló, «tanto como el cuerpo acosa la mente.»

Los dos están en lo cierto, y aquí está la prueba: ¿Has conseguido alguna resaca de modo absolutamente gratuito? Uno se recupera antes camino de un bar durante las fiestas patronales de su pueblo o ciudad que cuando has ido  a tomarte una al salir del trabajo.

Las resacas son sumamente condicionales y subjetivas.  Son como esos monstruos de película que te pueden hacer daño si creen que pueden hacerte daño. Si sientes culpabilidad, la resaca se fortalece, y nos aprieta las tuercas. Si crees merecer una resaca, entonces la vas a tener.

 

Un plan de 3 puntos para exorcizar el sentimiento de culpa

1.) No has tirado tu dinero a la basura. Ha ido a apoyar a una industria vital. Has ayudado a camareros, camareras que viven o se pagan sus estudios con ese trabajo. Has ayudado a los trabajadores de una bodega a pagar el alquiler y a alimentar a sus hijos. Probablemente son gente muy agradable, tal vez mejor incluso que tú. Y tú los has ayudado.

2.) Pasaste un buen rato. Fuiste incluso un poco salvaje. Como dijo  Nabokov, «la vida no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de oscuridad» y con eso en mente, no debes sentirte mal intentar buscar un motivo, aunque sea artificial, de encontrar algo que te haga sentir más humano durante la estancia en la tierra.

3.) Si estás preocupado por el pecado o por acabar en el infierno, no lo hagas.  La Biblia habla bien del alcohol, la mayor parte del tiempo. Noe  fue un tremendo borracho y apuesto a que tiene un sitio en el Cielo. Probablemente uno muy bueno..

Curas contra la resaca

Un bebedor moderno no podría definirse como tal si no tuviera su propio-remedio-infalible-contra-la-resaca. La receta que voy a rebelar a continuación ha puesto en fuga las resacas más poderosoas. Provoca un montón de problemas, por lo que rara vez se usa, pero si necesitas bajar una resaca rápido, lo que necesitas es el remedio científicamente demostrado contra la resaca de Frank Kelly  consistente en:

–          Una bolsa de suero intravenoso.

–          Una botella de 80% de oxígeno puro.

–          Tres o cuatro Bloody Bulls (un Bloody Mary con pastillas de caldo de ternera)

Aplicar las tres hará que te sientas tan bien como se puede esperar, dadas las circunstancias.