cromagnon borracho
febrero 14, 2014 Por bebedor 0

Manifiesto del bebedor moderno

La intoxicación lúdica nos ha acompañado desde los albores de la humanidad. No hay que ser Darwin para darnos cuenta de que si la actividad de cualquier animal es constante durante los miles de años de supervivencia de su especie, dicha actividad tiene que ser buena para algo. Un buen ejemplo de ello es el conocimiento. A veces es útil, dicen. En los viejos tiempos el conocimiento se utilizó para cazar y recolectar y saciar el apetito. Pero una vez lograda la habilidad de caza, y con el estómago y la despensa llena, el ser humano no necesitaba del conocimiento. Era entonces cuando el ser humano recibía otro tipo de pensamientos intrusivos. El ser humano percibía que aparte de saciar su apetito, necesitaba algo más.

Algunos lo llamarían creatividad. Hacer un retrato de su familia en hojas de plátano, pintar con sus propios fluidos las paredes de una cueva, etc. Pero otros seres sin pretensiones artísticas, utilizaron el conocimiento para obtener alivio de la necesidad de ese “algo más”.

[Tweet «Según las teorías de Darwin, empinar el codo forma parte de la evolución del ser humano o el hábito no habría logrado sobrevivir hace mucho tiempo.»]

Nuestros antepasados golpeaban rocas grandes con pequeñas para estudiar la arena, intentando comérsela, intentando que sus vecinos la comieran, hirviéndola, prendiéndole fuego, hasta llegar al metal. Estas personas simplemente no podían dejar de crear. Entonces llegó el fuego, los palos afilados y la chozas. Buenas cosas. Pero algunos no sabían cuando parar. Necesitaban aliviar la sed de conocimiento, ir a descubrir nuevos territorios más hostiles para inventar maneras de permanecer en ellos. La caza de su territorio les parecía algo pasado. Querían nuevas experiencias, nuevas carnes.

Gracias a ésta gente el planeta es ahora nuestro hogar. Puede ser bueno o malo, pero los inventores han ayudado a organizar la sociedad, dándonos un montón de trabajo por hacer ahora que los recursos naturales son limitados. ¿Gracias? Una vez descubiertos los beneficios de ahorro de trabajo a través de la tecnología, inventaron el estrés. Y en los largos periodos en que no trabajamos, necesitamos algo más que dormir para acallar nuestra conciencia o nuestro aburrimiento.

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Por suerte, en la prehistoria, gente semejante a nosotros permanecía ocupada con interesantes descubrimientos. Experimentos con fruta fermentada y viejos cocos llenos de lluvia estaban produciendo resultados. Todavía había mucho trabajo que hacer en cuanto a sabor, pero eran los visionarios. Sabían intuitivamente que la conciencia se había desarrollado antes que los medios adecuados para enfrentarse a ella y que necesitábamos evasión tan seguro como que necesitábamos agua, alimentos y aire. ¿Quién dice que la necesidad de alimentos y el aire es una debilidad? Así que ¿por qué la necesidad de alcohol ha de ser diferente? Y también sabíamos que, aunque tuviéramos que vivir con ellos, los congéneres que se afanaban en estudiar, crear industrias y talleres y proporcionarnos más trabajo eran tonticos. Sus planes y obsesiones nos cambiarían la vida a todos nosotros. Pero la solución no era golpear sus cráneos, ni unirse a ellos. La evasión, la fuga psicológica se antojaba una solución más simple.

Por ello el alcohol ha sido la mejor opción para muchos desde entonces. Por ello, según la teoría de Darwin, empinar el codo forma parte de la evolución del ser humano, o el hábito no habría logrado sobrevivir hace mucho tiempo. Hay que entender que eso puede llegar a ser un problema, ya que  hay gente que cree en el creacionismo. Pero no hay que ser un hipócrita. Hay que entender la biodiversidad, los bebedores somos un triunfo de la selección natural, tanto como los premios nobel. Los bebedores modernos somos resistentes y tolerantes a una gran variedad de ambientes y privaciones, siempre y cuando tengamos algo que echarnos al gaznate. A diferencia de los modernos físicos, que necesitan todo un colisionador de hadrones para realizar su trabajo, los bebedores modernos simplemente necesitamos un poco de agua, unos hierbajos y tiempo para mezclar y fermentarlo. Y somos felices.

[Tweet «Los bebedores somos un triunfo de la selección natural, tanto como los premios nobel»]

Podemos apreciar avances como la medicina o la exploración espacial. Los avances en la psicología para averiguar que tenemos razones para empinar el codo. Que necesitamos relacionarnos.

También podemos apreciar el arte, la música y el cine.

Nadie puede decir que los modernos bebedores no seamos cumplidores de nuestro trabajo. Pero siempre hemos sabido que el verdadero valor del trabajo será ampliar y mejorar el tiempo de socializar codo en barra. Ganarnos el derecho a disfrutarlo. Tal vez ésta sea una visión simplista, pero la disfrutaremos con una copa en la mano